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OFIR 1957

Una de las más elementales nociones de Química nos enseña cual es la diferencia entre un compuesto y una mezcla y tal noción nos parece perfectamente aplicable, en su esencia, al caso particular de un edificio. En verdad, hay edificios que son compuestos y edificios que son mezclas (por no hablar de los edificios que son mezcolanzas…) y en el presente caso de esta vivienda construida en el pinar de Ofir, procuramos, exactamente, que resultase un verdadero compuesto y, aún más, un compuesto en el cual entrasen en juego una infinidad de factores, de valor variable, ciertamente, pero todos, todos a considerar. Esto es, en contra del caso infelizmente normal entre nosotros de realizar mezclas tan solo de algunos factores, se intentó aquí un compuesto de muchos factores. No es fácil, por cierto, enumerarlos todos, dada  su variedad y su número, ni es fácil nombrarlos por su orden de importancia.

La familia para la cual se destina la casa tiene su composición, sus gustos, sus posibilidades económicas; el terreno tiene su forma, su vegetación, su constitución; en verano sopla allí el enervante viento del Norte, en invierno el castigador del Sudoeste; cerca en Esposende y Fao, hay construcciones con un tono muy propio; al otro lado del río, no lejos de allí, hay granito y pizarra; la mano de obra local no está especializada; el Arquitecto tiene su formación cultural, plástica y humana (para él, por ejemplo, la casa no es sólo un edificio), conoce el sentido de términos como organicismo, funcionalismo, neo-empirismo, cubismo, etc., y paralelamente, siente por todas las manifestaciones de la arquitectura espontánea de su país un amor sin límite que ya viene de muy lejos; el terreno proporciona encantadores puntos de vista sobre Cávado, sobre Esposende; en la construcción aún deben resolverse mil y un pequeños (a veces enormes) problemas de soleamiento, aislamiento térmico y acústico, iluminación artificial, etc.

Y nunca más acabaría el enunciado de los factores considerados, unos, como vimos, exteriores al Arquitecto, otros pertenecientes a su formación o a su propia personalidad.

Fue dejando hablar todo y a todos, en un magnifico e inolvidable dialogo, intentando un verdadero compuesto, que llegamos a este resultado. En cuanto a su valor intrínseco, el futuro, el gran juez, dirá alguna cosa; en cuanto al principio adoptado, no se nos ofrece la menor duda de que es el único a seguir para que nuestras obras alcancen, por su individualidad, valor universal.

 

Ofir, 5 de Mayo, 1957

 

 Nota: Este texto aparece publicado por primera vez en la revista Arquitectura 59, julio de 1957. ICAT, Lisboa. Posteriormente acompañará la publicación de la casa tanto en la monografía de BLAU de F. Távora, como en el pequeño libro dedicado a la en Ofir.

 
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